Este proyecto es una invitación para romper el tabú. Es un canal de inspiración y de información, tanto para quien vive el luto como para quien desea ayudar

¿Por qué duelen los días de fiesta?

El fin de año, esa época de gran alegría y tiempo en familia, también puede adquirir una atmósfera de miedo y angustia. Entienda por qué ocurre esto.

Imagen: dan whale

El luto viene en olas que parecen ser más grandes que nosotros. Algunas de éstas son bastante previsibles y parecen estar “agendadas”: cuando se acercan las fechas especiales, comenzamos a sentir, unos 30 días antes, que la “marea” sube. Y el día en cuestión, la angustia alcanza su máxima expresión. Estas fechas pueden ser el día de cumpleaños de la persona o, inclusive, el día de su muerte.

Y también están los días de fiesta: El Día de la Madre, del Padre, la Navidad, el Año Nuevo… En esos días, la misma incómoda sensación, aquel dolor ya conocido, reaparecen. Pero, ¿y por qué duelen tanto los días de fiesta?

Los días de fiesta pueden crear conflictos

Es fácil identificar cómo pueden generarse estos conflictos. La familia y los amigos quieren que todo vuelva a la normalidad para que, entonces, pueda haber lugar para los días de fiesta. Pero usted sabe que esa tal “normalidad” nunca más va a existir. Todo el mundo quiere que las fiestas transcurran de la misma manera que antes. Pero usted sabe que las “fiestas como antes” niegan la pérdida y colocan en la trivialidad la vida de aquella persona que ya se ha ido.

La presión puede ser muy fuerte, pues “necesitamos que la Navidad sea normal para los niños” o porque “eso es lo que él habría querido”. El mensaje entre líneas es siempre el mismo: ha llegado la hora de superar el luto y de colocar las cosas en su lugar. Pero, algunas veces, esto no puede realizarse.

Los días de fiesta pueden interrumpir el proceso del luto

El luto es un trabajo de tiempo completo, dominando todos los momentos y demandando atención total, especialmente durante los primeros meses. El luto es una transición: mañana usted no se encontrará en el mismo lugar en el que está hoy. Todos los días, aparecen nuevos sentimientos y pensamientos que deben ser procesados. El luto también demanda toda la energía que usted pueda reunir. En este sentido, usted probablemente no tiene el tiempo y la energía necesarios para las fiestas de fin de año. Muchas veces, el simple hecho de pensar en los preparativos ya puede ser extenuante.

El luto significa que usted está viviendo sobre la línea de la supervivencia. Lo único que usted puede hacer es sobrevivir, un día tras otro. Algunas veces, usted podrá sentir que se está convirtiendo en una persona egoísta y que, en el fondo, usted siente lástima de sí mismo. Pero no lo está. Sobrevivir es una defensa interna que cada uno de nosotros desarrolla, direccionando toda la energía que tenemos hacia adentro con el fin de proteger nuestra salud y bienestar. Y cuando uno está sobreviviendo, los días de fiesta parecen ser algo demasiado ajeno al día a día como para ser tenidos en cuenta. Esto significa que la idea de hacer compras de Navidad, prepararse para el Hanukkah o participar de un amigo secreto, puede ser algo demasiado exigente y desgastante.

Los días de fiesta traen exigencias a las que usted no puede responder

El fin de año exige una atención que usted no puede dar – usted puede sentirse como un “zombi” en movimiento.

El fin de año exige emociones a las que usted no se puede entregar – la depresión del duelo justifica, no solo los sentimientos tristes sino, también, la ausencia total de ellos. Usted parece fuera de lugar y, emocionalmente, es como si estuviese “fuera de su propio cuerpo”.

El fin de año exige una cierta dosis de actuación que usted no puede escenificar – usted tiene que ponerse una sonrisa en el rostro y hacer toda una interpretación que no está disponible en ese momento. Una hora de actuar de esa manera puede equivaler a un largo día de trabajo. Es extenuante.

La clave está en la PERMISIÓN

Permítase hacer lo que usted puede hacer. Permítase estar donde usted necesita estar. Siéntase libre de decidir lo que quiere y puede hacer, sin sentirse culpable.

Permítase cambiar las tradiciones. Siéntase libre de transformar todo lo que sea necesario. Plante un árbol en vez de armar uno para la Navidad. Duérmase temprano para aprovechar la mañana del 1 de enero. La regla es: si le duele, no tiene por qué actuar como siempre lo hizo. El crear nuevas tradiciones puede traerle otro significado a estas fechas.

Permítase relacionarse con Dios de otra manera. Cualquier Dios puede ser lo suficientemente grande como para soportar nuestra rabia y exasperación. Reconstruir o destruir un Dios también está permitido.

Permítase encontrar “personas-seguridad”. Son aquellas personas que lo hacen sentir cómodo, que lo escuchan, lo toleran y que quieren estar cerca para darle un abrazo o, también, un silencio.

Texto inspirado en el libro “Thoughts for the Holidays” de Doug Manning.