Este proyecto es una invitación para romper el tabú. Es un canal de inspiración y de información, tanto para quien vive el luto como para quien desea ayudar

¿Cuándo termina el luto?

¿Una tristeza prolongada por el luto equivale a una depresión?, ¿cuánto tiempo puede permanecer una persona que está de luto en ese estado de tristeza?, ¿los amigos que intentan animarlo son una ayuda o un peso más?, ¿cómo el hablar y contar nuestra historia puede ayudar? Esas y otras preguntas ocupan nuestra mente al momento de enfrentarnos a la muerte de un ser querido o cuando un amigo nuestro se encuentra ante esa misma situación.

No sabemos lidiar con la muerte. Tenemos un compromiso cultural con nuestra propia felicidad y con la felicidad del otro. Instintivamente, siempre actuamos con la idea de que es necesario eliminar el dolor de la pérdida de un ser querido o de lograr la rápida recuperación de un amigo que está de luto. Aun así, no sabemos hablar sobre el asunto puesto que nunca nos preparamos para ello. En la siguiente discusión esclarecedora, la Dra. Elaine Gomes dos Reis Alves, psicóloga especializada en luto, miembro del Laboratorio de Estudios sobre la Muerte de la Universidad de São Paulo y fundadora de la organización Brindar Cuidados en Psicología, nos cuenta que el luto no es una enfermedad, que la tristeza no es depresión y que no existe un tiempo específico para que ésta acabe.

Imagen: Joshua Earle Unsplash

¿Existe un luto “normal” y un luto “patológico”?

Ya no utilizamos más el término “patológico” para clasificar el luto ya que éste no es y no debe ser confundido con una enfermedad. La sociedad percibe y actúa como si el luto fuese una enfermedad o, peor, como si la tristeza del luto fuese una depresión. Las personas suelen decir, sin tomarse ninguna molestia, que tal persona que perdió a su hijo o a su marido “entró en depresión”. Esa persona puede estar muy triste, pero la depresión es otra historia. Hablamos de que el luto es “complicado” cuando éste hace que la persona enferme o cuando la coloca en riesgo de querer dejar de vivir.

¿Cómo se identifica un luto “complicado”?

El luto prolongado o complicado no se define a partir de su tiempo de duración, sino a partir de cómo la persona asimila la muerte del ser querido. Éste consiste en que la persona que está de luto entienda que el ser querido ya murió y que hay que seguir adelante. Ese tiempo es un tiempo interno. Es el tiempo de Kairos, el cual designa cuál es el momento correcto, y no un tiempo de Cronos, el cual se limita al cálculo de la cantidad de días o de horas. Para un viudo que perdió a su mujer, digamos, hace tres años, el tiempo de luto puede parecer excesivamente largo, mientras que para las otras personas no lo es así. Nosotros ya hemos atendido casos de luto de padres que perdieron a sus hijos hace 10 años.

¿Por qué deseamos abreviar el luto y delimitar un tiempo para dicho proceso?

Nosotros no sabemos cómo lidiar con la muerte pues la entendemos como si fuese un derivado de la vida. Todo el mundo tiene la obligación de ser feliz. Como las personas no saben qué decir al respecto de la muerte, normalmente éstas piensan que el no hablar evita que la persona que está de luto sufra aún más. Lo que yo más oigo de mis pacientes es precisamente lo opuesto: no poder manifestar su dolor es una agresión. Ellos quieren hablar, quieren ser oídos y tienen mucho miedo de que sus seres queridos ya muertos sean olvidados. Siempre terminan sintiendo que tienen esa tarea, muchas veces incómoda, de tener que recordarle a la gente que la persona existió, que tuvo una historia y que marcó una diferencia en la vida de los otros. Muchas veces acaban sintiéndose indeseados en sus propios círculos sociales y por esto se apartan y terminan sintiéndose más solos aún. Cuando no los aíslan, ellos mismos se apartan porque creen que las personas no están preparadas para darles el apoyo que necesitan.

¿Por qué es importante hablar del luto?

Las personas siempre quieren hablar, la dificultad está en que las escuchen. Hablar es lo que va ayudarlas a procesar lo ocurrido y, por ende, a salir del luto más rápido. Todas las personas que están de luto necesitan hablar de los seres queridos que fallecieron. Inmediatamente después de que la persona muere, el enlutado cuenta varias veces la misma historia, la cual generalmente tiene que ver con el último día que estuvo con dicha persona y sobre el momento en el que recibió la noticia de su muerte. Todas las veces que usted se encuentre con esa persona, ella le va a contar esa misma historia. Ese es el primer factor de aislamiento de los amigos. Ellos piensan: si voy a verlo, él va a repetir esa historia. O le dirán que ya conocen esa historia. No obstante, es precisamente el relatar repetidas e inúmeras veces lo que lleva a estas personas a la comprensión. Es un recurso muy positivo y muy saludable. Los judíos hacen eso: dentro de los rituales del luto dentro del Judaísmo, la persona que está de luto nunca está sola. Siempre hay alguien que permanece a su lado en silencio, justamente para oír su dolor. Es importante reflexionar sobre el hecho de que no somos capaces, ni estamos preparados, para aguantar el dolor del otro. Tampoco preparamos a nuestros hijos para tener esa actitud frente al sufrimiento ajeno.

¿Existen pérdidas más difíciles de asimilar?

Aunque las muertes de los seres queridos no pueden ser comparadas, las diferentes coyunturas dentro de las cuales éstas ocurren pueden hacer que el proceso sea más o menos fácil para quien permanece. No existe un dolor más o menos fuerte: existe dolor. No así, hay circunstancias en las cuales la persona que está sufriendo no logra refugiarse en nada. Una madre que pierde a su hijo único, por ejemplo. El que haya otros hijos no significa, de ninguna forma, que alguno de ellos vaya a reemplazar a aquél que ya se ha ido. Sin embargo, éstos quizás pueden obligar a los padres a continuar viviendo y les permitirán seguir ejerciendo su maternidad o paternidad. Si una persona pierde a su hijo único, o pierde a más de un hijo en un accidente o si, peor aún, tiene que lidiar con una separación después del trauma, ella va a necesitar mucho más tiempo para procesar todo eso.

¿Hay formas positivas de llenar el vacío de quien se ha ido?

Cuando una madre pierde a un hijo o cuando una mujer/hombre pierde a su compañero afectivo, puede tener el deseo desesperado de adoptar un hijo, de quedar embarazada o, en el segundo caso, de construir un nuevo amor. Eso no siempre ayuda: puede ser simplemente una búsqueda desesperada por la persona que se ha ido.

Existen diferentes formas de reaccionar frente a una pérdida. Hay quienes se entristecen mucho y también hay otros que se vuelven irascibles. ¿Cómo lidiar con aquellas personas que empiezan a sentir odio por el mundo?

En un primer momento, la rabia hace parte del proceso y es hasta saludable. La persona que está de luto muchas veces va a buscar desesperadamente desencadenar una pelea. Pero persistir en esa actitud puede transformar el luto en una experiencia complicada. Muchas veces, la rabia se prolonga porque la persona no cuenta con el espacio para expresarla. El mundo continúa feliz, evitando su dolor. Sin apoyo, esas personas se sienten muy solas, por lo que es normal que sientan rabia contra el mundo que continúa feliz e ignora su dolor. La posibilidad de que esas personas se enfermen y de que el luto se convierta en algo complicado es mucho mayor. Es un círculo cruel: cuanto más aumenta la rabia, más se aíslan las personas y más rabia sienten. Es necesario que la rabia sea escuchada y comprendida. Puede que la gente alrededor no apruebe este sentimiento, pero aun así pueden entenderlo. Una paciente me decía que, después de perder a su hija bebé, no podía ver a una mujer embarazada sin tener sentimientos negativos. Usted puede no estar de acuerdo con esa reacción, pero puede entenderla. Es todo lo que ella necesita.

¿Ayudan o no a seguir adelante aquellos amigos que le dicen a la persona enlutada que debe recuperarse rápidamente, que tiene que pasar la página y volver a ser feliz?

Quien no está viviendo esa situación rápidamente entiende que la persona que falleció no va a regresar, sintiendo la necesidad de “halar” al enlutado para que siga su vida. Pero esto no sirve de nada, no es así que funciona. Los amigos tienen que entender los tiempos de esa persona. Por ejemplo, en el caso de alguien que enviudó, los amigos siempre desean que encuentre a otra persona. Esto es percibido por quien está de luto como una gran agresión. Imagínese a alguien llorando porque perdió a su marido o a su mujer. Es una crueldad decirle que puede estar tranquilo porque llegará el momento en el que encuentre a otra persona. Él/ella va a sentirse traicionado por los amigos, además de sentir que está traicionando a la persona que murió. Nosotros, desde nuestra posición, no tenemos paciencia para esperar el tiempo del otro.

¿Cuándo acaba el luto?

Hoy en día ya no se habla del fin del luto. Hablamos sobre el final de un proceso de asimilación. Es este momento cuando el enlutado comienza a hacer planes sin la persona que falleció. En el caso de una viudez, por ejemplo, esto no significa tener una nueva pareja, sino entender que la persona ya no está más aquí y decidir seguir adelante, permitiéndose ser feliz. Esa es una autorización muy complicada porque hay mucho sentimiento de culpa durante el luto. La persona que está de luto se castiga por haber olvidado al ser querido por un día, por algunos minutos. Decidir volver a ser feliz no es una traición. Esa constatación toma un tiempo interno diferente que cada ser humano necesita.

 

[1] Los procedimientos aquí estipulados corresponden al contexto brasilero.

[2] Documento de indentificación en Brasil. Las siglas quieren decir Certificado de Persona Natural.