Este proyecto es una invitación para romper el tabú. Es un canal de inspiración y de información, tanto para quien vive el luto como para quien desea ayudar

Lo inmortal en la muerte

Cuando el dolor del luto parece dar tregua al corazón, nos damos cuenta de que lo mejor de las historias que compartimos con nuestros seres queridos puede eternizarse y convertirse en una nueva existencia. 

 

De Cris Carvalho lo único que he conocido ha sido su fama: atleta polivalente, incansable, campeona de todas las pruebas de resistencia que se pueda imaginar, como ultramaratones, duatlones, triatlones, MTB y todo lo que se le presentase y representara resistencia, adrenalina y pasión, como se lee en el reportaje del sitio Bahia Run en la nota de fallecimiento en diciembre de 2015.

Amante del deporte y segura de que todos deberían buscar calidad de vida a través del “cuerpo en movimiento”, como solía decir, Cris fue idealizadora y participó en varios proyectos en esta área, como el  Núcleo Aventura, el Projeto Mulher (iniciativas para el  público adulto), y la propuesta genial del Acampamento de Aventura, en el que un equipo de profesionales de running transmite sus conocimientos a los niños en una experiencia de 4 días en la selva que simula una competición de aventura.

A mí la muerte de personas jóvenes, con hábitos saludables, y deportistas, me parece una de las grandes incoherencias y misterios de la vida. Y al enterarme de lo que le pasó a Cris, este sentimiento de incredulidad volvió a molestarme. Entonces fui a conversar con dos grandes amigas suyas: Shubi Guimarães, su socia en el Campamento de Aventura y compañera de equipo en las competiciones y Maria Clara Vergueiro, “Marie”, que la acompañó desde cerca durante su enfermedad. Así he ido tanteando el asunto y tratando de amenizar esa incomodidad que quizá sea también la de muchos que me leen ahora.

Pero Cris me tenía reservada otra sorpresa, una lección todavía más importante y que, sinceramente, combina mucho más con la propuesta de nuestro sitio: hablar de esperanza, de transformación, de enfrentamiento y no del miedo frente a lo inevitable de la vida, que es la muerte.

En menos de 10 minutos de conversación había entendido el homenaje que le habían rendido a Cris el día de su muerte. Centenas de amigos suyos cambiaron sus fotos de portada en Facebook por una imagen creada por uno de ellos para homenajearla, con el siguiente mensaje:

“Legends Never Die” (Las leyendas nunca mueren)

Cris después de haber participado en una de las competiciones de carrera, ya enferma. Al lado el sello en su homenaje, creado por sus amigos: Legends never die.
Cris después de haber participado en una de las competiciones de carrera, ya enferma. Al lado el sello en su homenaje, creado por sus amigos: Legends never die.

Esa imagen me llamó la atención porque yo ya conocía la fama de superatleta de Cris y no me resultó difícil entender el paralelo con la palabra “legends” (o leyendas), pero eso despertó mi curiosidad e interés con respecto al tema de la “inmortalidad”.

Mi papá, cuando estaba enfermo, siempre decía: “Uno solo muere de verdad después de que haya muerto la última persona que lo conoció, pues antes de eso él estará siempre presente en los discursos, los gestuales, los recuerdos de aquellos con quienes convivió”. Yo lo entendía, pero no me sentía preparada para dar la debida importancia a todo lo que representaba esa frase para los que se van y los que se quedan.

Conversando con Shubi y Marie en una tarde soleada, alegre, frente a un jardín lleno de vida he entendido unas cuantas cosas. La charla con las chicas empezó tranquila, algo tímida y sin pretensiones. Cuando les pregunté sobre cómo Cris había enfrentado todo el proceso del diagnóstico, tratamiento y aceptación de la propia muerte, todo cambió. Fue cuando realmente entendí quién había sido Cris Carvalho y porqué recibió este homenaje que desmiente la parte final de la frase de mi padre. Sí, el Never Die existe.

Estábamos las tres sentadas alrededor de una mesa y de pronto parecíamos 4.

La intensidad y emoción que demostraron las amigas al describirla y al recordar sus 3 años de lucha contra el cáncer me permitieron ver con toda claridad quién era Cris, aun sin haberla conocido. Su cuerpo ya no estaba allí, pero su presencia se hizo tan marcada que inmediatamente tuve una de las sensaciones más bonitas que he tenido a lo largo de nuestro proyecto ¿Y si hablamos del luto?: la inmortalidad en la muerte.

Oír hablar a las chicas sobre su amiga, en presente, describiéndome con detalles cada una de las lecciones que ella les había dejado a todos los que la habían acompañado en la lucha entre la vida y la muerte… No hay otra forma de hablar de Cris Carvalho sino por medio de su construcción de la propia  inmortalidad.

Desde el día en que recibió la noticia de que tenía un cáncer agresivo en el seno, con metástasis en los huesos, ella hizo todo lo posible y lo imposible para enfrentar la enfermedad como lo hacía en todas las pruebas más duras de su carrera como deportista: con resistencia, perseverancia, cierta tozudez y buen humor. Sin esperanza por parte de los médicos, quienes no veían cualquier posibilidad de cura, ella optó por vivir a contrarreloj, de la mejor manera posible y según su estilo de vida.

“Un día ella me dijo que prefería vivir bien 2 años al lado de su hijo, Luigi, que 4 años en una cama de hospital”. “Shubi, te acordarás de mí corriendo a tu lado como lo estamos haciendo ahora”, relata la amiga.

Y no es que ella no haya buscado ayuda, todo lo contrario, buscó todas las formas de tratamiento alternativo, espiritual y también convencional. Pero sus ganas de seguir luchando de pie, corriendo, trabajando y acompañando a sus alumnos, amigos y familia hicieron que rechazara cualquier alternativa de tratamiento que la debilitara físicamente.

“¡Cris decidió vivir! Se notaba que tenía dolor, pero aun así no se quejaba, nunca se hizo la víctima y no admitía que nadie sintiera pena por ella. Lo que hizo fue, con mucha humildad, adaptarse a la nueva situación. Si ya no podía ganar las competiciones, su misión sería simplemente terminarlas.” Y fue lo que hizo. Ya con la enfermedad en un nivel avanzado, ella corrió por 3 días una prueba en los Andes. “Ella no se puso enferma, tuvo una degeneración celular que la llevó a la muerte” bromea Marie al acordarse de una frase de José Caputo, marido de Cris.

La resistencia física tal vez defina muy bien a Cris, pero la presencia inmortal que me llamó la atención y me emocionó en nuestra charla fue distinta. Cris sembró una semilla en cada persona que se relacionó con ella.

Es difícil definir con palabras el sentimiento de extrema gratitud que vi nacer del corazón de cada una de ellas al describir que detrás de aquella fortaleza se ha ido revelando una mujer sensible, que quería urgentemente preparar a todos para su PASAJE, como solía decir. “Ella me ha enseñado muchas cosas y me sigue enseñando todos los días. Varias veces ella dijo que no se estaba marchando definitivamente, estaba preparándose para vivir de otra forma cerca de nosotros” se emociona Shubi.

Cris nunca ha sido espiritualizada, pero la gravedad de su enfermedad, el no saber cuánto tiempo le quedaba y las ganas de encontrar respuestas para amparar a todos hicieron que desarrollara una sensibilidad fuera de lo común. “Todo lo que ella estudiaba y descubría lo compartía con nosotros. Ella tenía una capacidad increíble de combinar todas las informaciones y teorías que recibía y armaba su propio kit de sobrevivencia. Ella adquirió una autopercepción incomparable”, nos cuenta Marie con una sonrisa.

Y más que la percepción de si misma, me atrevo a decir que Cris sabía muy bien lo que estaba haciendo.

Aprovecho para citar una frase que representa el mensaje que me regaló la historia de estas 3 grandes amigas:

“Cuando muere una flor, nace una semilla; cuando muere una semilla, nace una planta. Y la vida sigue su curso, más fuerte que la muerte.” (Tagore)

Cuando perdemos a alguien, en un primer momento solo sentimos el dolor, la nostalgia y unas ganas indescriptibles de congelar los últimos momentos que vivimos con aquella persona, para no perder jamás el recuerdo de su presencia física. Pero inmersos el océano del dolor, no nos damos cuenta de que hay allí una semilla que espera por brotar. Cuando el tiempo nos calma el corazón y somos capaces de recordar a la persona con nostalgia, pero con menos dolor, es cuando siento que surge la inmortalidad: una planta linda, fuerte, vívida.

Ella no tiene la misma belleza ni el perfume dulce de la flor, pero es imponente, sabia, es el mejor recuerdo que nos podría haber dejado esta flor. Sus cualidades más evidentes, sus características que queremos reproducir. Aunque ya no tiene los mismos colores, sí tenemos la oportunidad de reverenciar e inmortalizar lo que de mejor esta persona ha dejado en nuestro corazón.

Cris Carvalho lanzó muchas semillas en los corazones de muchos atletas, amigos, de su pareja y en el de su hijo, listas para germinar y crecer, convirtiéndose en plantas imponentes y fuertes, ¡como ella!

Encuentro de las amigas en noviembre de 2012. De izquierda a derecha, de pie: Cris, Shubi, Bebel, Marie y Mati. Sentadas: Cau, Belô y Vivi
Encuentro de las amigas en noviembre de 2012. De izquierda a derecha, de pie: Cris, Shubi, Bebel, Marie y Mati. Sentadas: Cau, Belô y Vivi