Este proyecto es una invitación para romper el tabú. Es un canal de inspiración y de información, tanto para quien vive el luto como para quien desea ayudar

Emociones congeladas: el analgésico para el dolor

La sociedad insiste en encajar el proceso del luto en un solo formato, presentando el llanto y la tristeza como manifestaciones esperadas para este momento. Sin embargo, no son nada extraños los testimonios de personas que cuentan haber “perdido” la capacidad de sentir emociones – tanto buenas como malas – tras una pérdida importante

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El entumecimiento o la analgesia de cualquier tipo de sensación, bien sea de alegría o de tristeza, parece hacer parte de la vida de algunos sobrevivientes. Esto fue lo que aprendimos tras haber leído algunos relatos que nos llegaron por medio del confesionario, así como después de haber conversado con algunos especialistas en el área.

John Bowlby fue un psicólogo y psiquiatra británico, pionero en la Teoría del apego. Según Bowlby, un bebé ya manifiesta reacciones a la falta o a la pérdida de la madre. Esto significa que la emoción es un proceso que niños, adolescentes, adultos, ancianos – sean hombres o mujeres – experimentan cada vez que pierden a alguien con el que tenían un fuerte vínculo. Que una persona tenga dificultad para expresarse o sentir no significa que ella no tenga emociones. Entramos en duelo cada vez que rompemos lazos afectivos fuertes. La forma como viviremos el luto, como actuaremos o expresaremos el dolor, depende de varios factores. Es un proceso absolutamente idiosincrásico, es decir, propio de cada individuo.

Este proceso se desenvuelve a partir de la estructura de la personalidad de cada sujeto, de su historia con la persona fallecida. También depende de otras variables tales como el tipo de muerte, la edad que tenía la persona cuando ocurrió la pérdida, el ambiente en el que vive y la red de apoyo con la que cuente a partir de ese momento. Un ejemplo de esto es la diferencia de reacciones y comportamientos que se presentan entre hermanos que viven una misma pérdida – un padre, por ejemplo. Es necesario tener cuidado en no esperar un patrón único de manifestaciones del luto.

Uno de los relatos publicados en esta página – en la sección Inspiración-Bellas Historias y Reflexiones, del día 26 de agosto – puede ayudarnos a entender la complejidad y particularidad que implica el proceso del luto que deben vivir las personas que han perdido a un ser querido. En dicho relato, Rosane nos cuenta la trágica experiencia de haber perdido a su padre tras éste último haberse quitado la vida cuando ella era una adolescente. En su historia, ella afirma: “entristecer me pareció muy amedrentador”. Encarcelar las emociones fue el recurso que ella construyó para poder evitar el inmenso sufrimiento y continuar con la vida que le quedó.

¿Cómo comprender ese mecanismo de congelamiento de las emociones? ¿Por qué ocurre esto con algunas personas? ¿Cuál es el costo psicológico de esa inversión que, a primera vista, parece solucionar el conflicto?

Desde el punto de vista de la dinámica emocional, pasar de la alegría a la tristeza en pocos segundos es una tarea de alto costo psicológico. Fue exactamente esto lo que le ocurrió a Rosane, la cual se encontraba aprovechando el primer día de sus tan esperadas vacaciones con los amigos. Lo que tendría que haber sido un período de placer y buenos recuerdos, se transformó en una tragedia cargada de imágenes de mucho sufrimiento y negación. Es necesario entender que, más allá de nuestro control consciente y racional, existen otros mecanismos dentro de nuestro funcionamiento psicológico que se activan como alertas para proteger la identidad del “EGO”.

En la obra “Las neuropsicosis de defensa”, Freud (1894, Vol. III), señaló el hecho de que algunas ideas, representaciones y afectos traumáticos pueden ser sentidos por un sujeto como incompatibles con su vida psíquica, produciéndole sentimientos tan angustiantes que, dentro de la estructura de su personalidad, no existe otra salida más que olvidarlos, rechazarlos o amortizarlos.

Años después, en 1925, Freud escribió sobre los mecanismos de defensa, describiéndolos como mecanismos desarrollados por la psique con el objetivo de proteger la integridad del ego del sujeto. En este estudio, Freud argumenta que dichos mecanismos de defensa son universales, es decir, todas las personas hacen uso de ellos, en menor o menor medida. La aparición de la angustia, desatada por los conflictos, sería una condición indispensable para la activación de algún mecanismo de defensa cuyo fin es proteger la integridad del ego.

Sabiamente, nuestro ego desarrolla y selecciona defensas psicológicas importantes para protegernos de situaciones que le representan una gran amenaza. Y el LUTO es una de esas situaciones. Si estas defensas no fuesen accionadas, es posible que enloqueciéramos o que tuviéramos ataques de locura, que es precisamente lo que ocurre cuando estas defensas fallan.

Vivir una pérdida significativa, independientemente de la edad que se tenga, es una experiencia altamente desorganizadora desde el punto de vista psicológico. Durante el período del luto, el ego necesita agarrarse de defensas que lo ayuden a lidiar con dicha situación.

El “congelamiento de las emociones”, al cual se refieren algunas personas que han pasado por una pérdida importante, es, seguramente, un fuerte mecanismo de defensa que tiene como tarea el impedir que la persona sienta dolor y sufrimiento. No obstante, este mecanismo acaba haciendo que la persona no sienta nada, ni alegría ni tristeza ni angustia, nada.

Es importante saber que este mecanismo no es una decisión consciente. Nadie dice “Voy a congelar mis emociones” y las congela. ¿Entonces por qué ocurre esto? Porque su inconsciente entendió que esta sería la mejor solución temporal para su tipo de personalidad, su edad, su momento y, finalmente, para la situación que usted vivió.

Uno podría pensar que el congelamiento de las emociones puede ser una excelente solución para el sufrimiento experimentado durante el proceso del luto. Pero la verdad es que no lo es. ¿Por qué? Porque lo que no digerimos psicológicamente se queda estancado en algún lugar de nuestra psique y después reaparece, ya sea en forma de dolor físico, enfermedad, depresión o de síntomas psicológicos como el pánico, la compulsión, etc.

Estar atento a sus sentimientos es una condición para evitar enfermarse. El congelamiento de las emociones puede ser un recurso necesario por un tiempo determinado. Sin embargo, éste no podrá ser utilizado para siempre. Así, quien está pasando por un proceso de luto debe comprender lo siguiente:

  1. Todas las formas de expresión de los sentimientos son importantes para poder asimilar el dolor;
  2. La red de apoyo de la familia y amigos es un soporte muy importante durante, por lo menos, el primer año de la pérdida;
  3. La psicoterapia de apoyo al luto es recomendada para todas las personas que vivieron una pérdida importante;
  4. Cuidar la salud física y mental es la posibilidad de poder pasar por todo ese proceso de manera más saludable.

No hay recetas o fórmulas mágicas para aplacar la angustia y el dolor de una pérdida. Aunque nuestra razón sepa que el nacimiento y la muerte son situaciones que marcan el ciclo de la vida, insistimos en querer olvidar y borrar la muerte de nuestra memoria. En la obra “Amor y pérdida”, Colin Parkes nos recuerda que no podemos amar sin correr el risco de perder. Dicho de otra forma, el tamaño del amor es equivalente al tamaño del dolor.

Fuente: Ana Lúcia Naletto y Lélia Faleiros Oliveira son psicólogas del Centro Mayéutica. Ellas llevan a cabo trabajos sobre el luto en cementerios, crematorios y funerarias: www.centromaieutica.com.br