Este proyecto es una invitación para romper el tabú. Es un canal de inspiración y de información, tanto para quien vive el luto como para quien desea ayudar

Maestros que nacen del dolor

Hay personas que enfrentan la muerte como maestros. En vez de esperar que las amparen, son ellas las que toman las riendas de la situación, cuidan a todos a su alrededor y aún dejan grandes legados.

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Cuando conocí a Graziela Gilioli, autora del libro O Pequeno Médico, lo que más me llamó la atención fue el legado dejado por su hijo. Me dirigí a su charla preparada para escuchar a una madre que perdió a su hijo con una de las enfermedades que más nos afligen actualmente –el cáncer– pero lo que vi fue una hermosa mujer, llena de vida y delicadeza al hablar de su sufrimiento.

Ella lo presenta como el Pequeño Médico, pero para mí, al leer el libro, Alexandre fue mucho más que un médico, él fue un maestro. Con lágrimas en los ojos y el pecho muchas veces tomado por grande emoción, comprobé, en cada trecho del libro, algo que aprendí con la enfermedad y la muerte de mi padre, Fernando Ferraz.

Hay personas que enfrentan la muerte como maestros. Invierten los papeles y, en vez de esperar que las personas las amparen, son ellas las que nos acogen y enseñan. Es como si guardaran sus miedos y su pena en el armario y asumieran la misión de proteger a la familia del dolor y las preocupaciones.

La Dra. Ana Claudia Quintana Arantes, experta en cuidados paliativos, afirma que la muerte hace aflorar el sentimiento de amor más sublime que existe, el que nos hace creer que ésta es la principal motivación para esta actitud de protección. Y a medida que he ido viendo ejemplos semejantes al mío y al de Graziela, siento que de hecho hay maestros que afloran cuando se encuentran frente a la finitud de la vida. Si no conscientemente, de forma inconsciente terminan dejando poderosas huellas en quienes los acompañan.

Cuando en su lecho de muerte una persona nos enseña sobre la vida, sus lecciones adquieren tal intensidad y proporción que lo que aprendemos difícilmente se restringe a un ambiente de dolor y pena. Es como si tuviéramos la misión de transformar este sentimiento tan grandioso que llevamos en el alma en un legado, haciéndolo eterno y ayudando a más y más personas.

Graziela escribió un libro, pasó a dedicarse a la fotografía y da charlas sobre el elegir ser feliz. Y lo hace aun después de una pérdida grandísima e irreparable. La página ¿Y si hablamos del luto? también nació de la voluntad de rendir homenaje a nuestros maestros. Así surgen varias iniciativas (libros, películas, ONGs, blogs) que hacen que las personas cambien de rumbo y pasen a dedicar sus vidas a la defensa de causas más nobles. No solo las relacionadas con el luto, cualquier iniciativa que muestre la importancia del cuidado con la vida, con las relaciones humanas y que nos recuerde que las grandes lecciones que aprendemos, hay que compartirla.

Recientemente, en el libro Palavras de Poder, de Lauro Henrique Jr, leí una entrevista de la Monja Coen. Quisiera traerles algunas de sus palabras para que se sientan inspirados a buscar y a eternizar a otros maestros que se fueron y dejaron cosas buenas que deberíamos compartir con otras personas.

“Cuando alguien que amamos se va, sentimos que, además de la persona, se va también un pedazo de nosotros. En realidad, sin embargo, parte de ella queda en nosotros, vive en nosotros. Lo esencial es dar vida a esta otra vida que permanece en la nuestra. ¿Qué cualidades tenía esa persona que me gustaban?  Será que, en mi vida, yo podría manifestar tales cualidades? Así la persona que se ha ido no desaparece, pues continúa viva en nosotros”. Monja Coen

Para que reflexionen, compartimos aquí la entrevista con Graziela Gilioli:

(Video Escuela Panamericana de Artes, por Elcio Ohnuma. Entrevista conducida por Armando Levy. Producción Future Press).